Relato. Agosto, 2009.
Página en blanco. El terror de todos los que tienen o quieren empezar a escribir. El momento en el que como no fluye te fuerzas hasta que llega. Eso fue lo que le debió pasar a carlota. Con ese nombre le resultaba difícil concentrar sus dotes en la escritura, la gente hablaba de ella y ella, aburrida del cuchicheo, decidió empezar a hablar de la gente. O mejor, a escribir de la gente. Pero no le salía nada. Ella se forzaba pero no entendía la mecánica del oficio y se avergonzaba de tener que meterse en la vida de los demás.
Los días pasaron y carlota se sintió aliviada. Un día se envalentonó, tomo una hoja y simplemente empezó y luego vino una perorata inconexa que derivó en su obra maestra. El bálsamo, la cúspide. Describió a sus amigas. Habló de la amistad. Profirió discursos apasionados y finalmente descubrió que el mejor relato siempre estaría por contar y que seguiría resultando de la vida exacta de sus tres amigas.
Acabó el cuaderno y cerró su mente.
Durmió.
En adelante las páginas ya no eran blancas, tomaron un color expectante, un color seductor, el color de la confianza.
Página en blanco. El terror de todos los que tienen o quieren empezar a escribir. El momento en el que como no fluye te fuerzas hasta que llega. Eso fue lo que le debió pasar a carlota. Con ese nombre le resultaba difícil concentrar sus dotes en la escritura, la gente hablaba de ella y ella, aburrida del cuchicheo, decidió empezar a hablar de la gente. O mejor, a escribir de la gente. Pero no le salía nada. Ella se forzaba pero no entendía la mecánica del oficio y se avergonzaba de tener que meterse en la vida de los demás.
Los días pasaron y carlota se sintió aliviada. Un día se envalentonó, tomo una hoja y simplemente empezó y luego vino una perorata inconexa que derivó en su obra maestra. El bálsamo, la cúspide. Describió a sus amigas. Habló de la amistad. Profirió discursos apasionados y finalmente descubrió que el mejor relato siempre estaría por contar y que seguiría resultando de la vida exacta de sus tres amigas.
Acabó el cuaderno y cerró su mente.
Durmió.
En adelante las páginas ya no eran blancas, tomaron un color expectante, un color seductor, el color de la confianza.
Toda la razón Margarita, eso nos pasa mucho a los periodistas como nosotros, que siente la necesidad intrínsica de contarle algo al mundo. Pero cuando ya se tiene algo que decir, la página parece menos blanca... muy cierto.
ResponderEliminarTe mando un besote, y espero que tu vida y matrimonio vayan excelente.
Saludos desde Chile
Paulina