Relato. Abril, 2009.
Sonaron las sirenas de una ambulancia como un terrible presagio, su corazón empezó a latir con increíble rapidez, en sus oídos el ulular de la calle, la ansiedad, el frío. Estaba aturdida, ese sonido retumbaba en su mente, en sus venas. Por qué no acababa aquella sensación, por qué aquel mareo, se desvanecía, su boca seca y encalambrada se torcía en un rictus aterrador. Se iba, caía... De repente un golpe seco.
Cuando despertó sonreían todos a su alrededor. Le hablaban. Ella no acababa de entender que por esa avenida tan transitada, a pocas calles del nuevo hospital, pasarían una y otra vez, tal como hacía unos minutos, aquellos coches ruidosos transportando enfermos y que tendría que convivir con ello. Eran los sonidos infernales de la ciudad. No había sido un sueño. Sería desde ese momento la reacción de pánico de la nueva inquilina mayor de aquel edificio, esquina con la gran avenida. ¿Su futuro?, un pálpito eterno. Pero por ahora, de nuevo había calma.
Sonaron las sirenas de una ambulancia como un terrible presagio, su corazón empezó a latir con increíble rapidez, en sus oídos el ulular de la calle, la ansiedad, el frío. Estaba aturdida, ese sonido retumbaba en su mente, en sus venas. Por qué no acababa aquella sensación, por qué aquel mareo, se desvanecía, su boca seca y encalambrada se torcía en un rictus aterrador. Se iba, caía... De repente un golpe seco.
Cuando despertó sonreían todos a su alrededor. Le hablaban. Ella no acababa de entender que por esa avenida tan transitada, a pocas calles del nuevo hospital, pasarían una y otra vez, tal como hacía unos minutos, aquellos coches ruidosos transportando enfermos y que tendría que convivir con ello. Eran los sonidos infernales de la ciudad. No había sido un sueño. Sería desde ese momento la reacción de pánico de la nueva inquilina mayor de aquel edificio, esquina con la gran avenida. ¿Su futuro?, un pálpito eterno. Pero por ahora, de nuevo había calma.
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